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viernes, 9 de diciembre de 2011

Homilía de nuestro Obispo con motivo de la Celebración de la festividad de la Inmaculada


Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Concatedral de San Julián, 8 de diciembre de 2011

María, la Madre del Hijo de Dios y Madre nuestra, que siempre nos acompaña en nuestra vida, lo hace muy especialmente en el Adviento. En este tiempo, la liturgia la recuerda diariamente. Además la contempla muy especialmente en la Solemnidad de la Inmaculada, en que celebramos la preparación radical a la venida del Salvador y el feliz comienzo de la Iglesia sin mancha ni arruga, ni nada semejante.

1. El fruto del pecado

En la primera lectura se habla de rupturas y hostilidades. Adán, el hombre que ha pecado, siente miedo y vergüenza. Quiere esconderse y huir de la presencia de Dios. Dios sale al encuentro del hombre y el hombre, temeroso, huye de El. Es una situación que se repite demasiado y que, además de lamentable, resulta grotesca. Huyendo de Dios nos creemos más tranquilos, más libres, más ricos, más felices. No sabemos, pobres de nosotros, que si nos separamos de Dios nos vaciamos por dentro, nos angustiamos y nos esclavizamos. Creemos que Dios viene a reprendernos y castigarnos, que alzará su mano contra nosotros. Y no sabemos, pobres de nosotros, que Dios nos busca para estrecharnos contra su pecho, sanarnos, vestirnos con ropa de fiesta y devolvernos la libertad.

2. En María comienza la ‘nueva creación’

Lo más importante del relato del Génesis que acabamos de escuchar no es el pecado, sino la promesa. En medio de la miseria del hombre sale siempre victoriosa la misericordia de Dios. El mal es vencido, la cabeza de la serpiente es quebrantada. Dios ha querido que precisamente en la misma raza humana se encuentre la medicina contra el veneno de la serpiente por la gracia de Dios. En María comienza la 'nueva creación'. Es la Inmaculada Concepción, sin ningún defecto de origen, limpia y pura en sus raíces más profundas. Una mujer que va a ser toda para Dios, humilde y obediente, llena de gracia y de Espíritu Santo. María no permanece pasiva ante la plenitud de amor de Dios hacia ella, sino que responde con una fe y una confianza total en el Dios que la ha agraciado. María vive su existencia desde la verdad de su persona, que sólo la descubre en Dios. Como criatura, María sabe bien que nada es sin el amor de Dios y que su vida sin Dios, como toda vida humana, sólo produce vacío existencial. María sabe que está hecha para acoger y para dar, para hacerse 'donante del don donado". María sabe que la raíz y el destino de su existencia no están en sí misma, sino en Dios; Él es su esperanza; por ello vivirá siempre en Dios, para Dios y hacia Dios. Ella no es sino la hija predilecta del Padre, signo de la ternura de Dios.

María abre su mente y su corazón a Dios. Acogiendo con humildad su pequeñez, se llena de Dios. Así se convierte en madre de la libertad y de la dicha. Movida por la fe y el amor, María acepta y acoge la Palabra de Dios en su corazón y acoge al Verbo mismo de Dios en su seno virginal y pone su vida enteramente en Dios, a su servicio y el de la salvación del género humano. "Hágase en mi según tu Palabra", es su respuesta. María dice sí a la vida, dice sí al amor, a la gratuidad, a la esperanza, a la fortaleza, a la fe, a la paciencia, a lo eterno.

Los hijos de Eva podemos ser, por la misericordia de Dios, los hijos de la Nueva Eva, hijos de María, la obediente y confiada, la libre y servidora, la risueña y la llena de gracia y, sobre todo, la madre de misericordia.

3. La Inmaculada, ‘comienzo e imagen de la Iglesia’

Nos hace mucho bien recordar que María fue creada y maravillosamente preparada para ser Madre del Salvador. Nos hace mucho bien acercarnos al corazón y a la grandeza de María. El prefacio de esta fiesta nos presenta a María como "comienzo e imagen de la Iglesia". La Iglesia debe mirarse en el espejo que es María a ver si se reconoce; a ver si en el momento histórico en que vive es fermento de humanidad nueva, a ver si se ajusta en sus criterios y en su estilo de vida a las bienaventuranzas de Jesús. Llega a decir el Concilio Vaticano II que mirándole a Ella, la Iglesia, todos nosotros, se reconoce a sí misma. La Virgen María ha sido enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular. Ese resplandor ha iluminado a la Iglesia a través de los siglos que ha aprendido de la Virgen santidad y obediencia. Hemos de dejarnos llevar por el Espíritu Santo para aprender, como María de Nazaret, a obedecer a Dios, a acoger a Jesucristo. Caminemos al resplandor de la Inmaculada sin ceder al pesimismo de las miradas cortas.

4. María nos enseña a vivir el Adviento

María, la Virgen del Adviento, que se preparó de modo singular a la vendida del Hijo de Dios, nos enseña a vivir el Adviento. Por su fe en Dios, María es la madre y modelo de todos los creyentes. Dichosa por haber creído, nos muestra que la fe es nuestra dicha y nuestra victoria, porque "todo es posible al que cree" (Mc 9, 23). En María, la Iglesia y los cristianos tenemos nuestra imagen más santa. Con María, la humanidad, representada en ella, comienza a decir sí a la salvación que Dios le ofrece con la llegada del Mesías. María es la madre de la esperanza, ejemplo y esperanza para cada uno de nosotros y para la humanidad entera. En ella ha quedado bendecida toda la humanidad. María es buena noticia de Dios para la humanidad. En ella, Dios, dador de vida, irrumpe en la historia humana; Dios no deja sola y abandonada a la humanidad; Dios ama a los hombres, nos llama a su amor, nos bendice y nos ofrece salvación.

Abramos como María nuestra mente y nuestro corazón a Dios y a su amor. María nos ofrece un mensaje de amor y de esperanza en una sociedad que debe despertar para no abandonar los valores, basados en Dios. En Cristo Jesús es posible el amor y la comunión con Dios, entre los hombres y entre los pueblos.


miércoles, 10 de febrero de 2010

Escrito de nuestro Obispo con motivo de la Jornada de Manos Unidas




Queridos diocesanos:

Celebramos este año la Campaña contra el hambre en un momento en que la crisis económica está mostrando sus más duras consecuencias. A la par que ha hundido los mercados, ha empujado a cien millones de personas a la pobreza y al hambre. Por esto no podemos olvidar que las principales víctimas de la crisis económica y financiera mundial son, como siempre, los más pobres e indefensos. El impacto que tiene en la vulnerabilidad de los países pobres es claramente desproporcionado. El hambre afecta a uno de cada seis seres humanos. Un dato sobrecogedor: por vez primera en la historia el número de pobres en el mundo supera los mil millones de personas. Un triste record que echa por tierra algunas mejoras conseguidas en la lucha contra esta lacra en los últimos años.



El futuro inmediato no presenta mejores perspectivas: Las estructuras económicas certifican estas malas previsiones para los países más pobres. Según el FMI las inversiones extranjeras en esos lugares se han reducido en 2009 en un 32%. El comercio mundial se contraerá entre un 5 y un 9 %. Las remesas que los emigrantes enviaban a sus países de origen, y que constituían una fuente muy importante para el crecimiento económico de esas naciones, disminuirán también entre un 5 y un 8 % este año según el Banco Mundial.



Necesitamos crear con urgencia un amplio consenso para la erradicación rápida y completa del hambre en el mundo. Benedicto XVI ha hecho la siguiente propuesta: “Es importante destacar que la vía solidaria hacia el desarrollo de los países pobres puede ser un proyecto de solución de la crisis global actual, como lo han intuido en los últimos tiempos hombres políticos y responsables de instituciones internacionales. Apoyando a los países económicamente pobres, mediante planes de financiación inspirados en la solidaridad, con el fin de que ellos puedan satisfacer la necesidades de bienes de consumo y desarrollo de los propios ciudadanos no sólo se puede producir un verdadero crecimiento económico, sino que se puede contribuir también a sostener la capacidad productora de los países ricos que corre peligro de quedar comprometida por la crisis” (Veritas in caritate)



Manos Unidas, como organización de la Iglesia a favor del Tercer Mundo, continúa su lucha para erradicar las tres hambres que le afligen: “hambre de pan, hambre de cultura y hambre de Dios” conscientes de que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Animo a los voluntarias y voluntarios de Manos Unidas en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol a que sigan año tras año financiando proyectos concretos de desarrollo del Tercer Mundo. En nuestros días, nos recuerdan este año, constatamos la aparición de nuevos riesgos para la vida de los pobres, ocasionados por la agresión al equilibrio medioambiental, por los desequilibrios económicos y por la crisis de la energía y de los alimentos.

lunes, 4 de mayo de 2009

Petición de Austeridade e Solidaridade do noso Bispo nas nosas festas



El obispo de Mondoñedo-Ferrol, Manuel Sánchez Monge, anunció ayer su intención de pedir a los concellos de su diócesis que este año gasten menos en fiestas y más en ayuda a los necesitados. «Voy a hacerles un ruego -señala el prelado-, porque son ellos quienes tienen que decir cómo administran su dinero. Pero, humildemente, yo quiero llamar la atención sobre la situación en la que se encuentran cada día más familias, que por culpa de la crisis se están enfrentando a horas muy difíciles. Lo que hago es una sugerencia, una propuesta. Que se gaste menos en fiestas y más en ayudar a las familias que lo están pasando mal». «Esta es una petición -comenta también el prelado- que voy a hacerles llegar a todos los alcaldes de nuestra diócesis. No solo a los de Ferrol y Mondoñedo, sino a todos los municipios del territorio diocesano, sin excepción. Porque en todas partes está habiendo problemas que van cada día a más».
Sánchez Monge advierte de que la Iglesia tiene la obligación de dar ejemplo. «Que nadie piense que nosotros pedimos austeridad a los municipios mientras no actuamos de la misma manera». Y ya ha dado instrucciones a los responsables de asuntos económicos de la diócesis «para destinar a ayudar a las familias sin recursos hasta el último céntimo de lo que podamos reservar».
Fuente : La Voz de Galicia

lunes, 2 de junio de 2008

NOTA DOS BISPOS DA PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA CON MOTIVO DOS PROBLEMAS PESQUEIROS

Debuxo de Ramón Pernas titulado "Canto pola Patela"
Lugo, 1 de xuño de 2008


“El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón” (Vaticano II, GS 1).


Estas palabras del Concilio Vaticano II nos animan a mostrar nuestra cercanía a los hombres del mar que viven en nuestras diócesis y atraviesan una situación difícil que ha provocado protestas manifestadas de diversas formas, llegando incluso al amarre indefinido en los puertos gallegos.


Como Pastores del Pueblo de Dios que peregrina en Galicia compartimos las preocupaciones de las gentes del mar y les animamos a que no pierdan la esperanza.


Pedimos que estos problemas se tomen en cuenta por parte de las Administraciones implicadas. Y estamos seguros de que, con la colaboración de todos, se han de encontrar soluciones justas transitando siempre por el camino del diálogo y de la negociación.


El amor de los marineros a la Virgen del Carmen es, sin duda, un regalo de Dios. Es la mejor herencia que se transmite de generación en generación dentro de la familia marinera. Acudamos a Ella en estos momentos difíciles para los hombres y mujeres del mar confiando en que siempre podemos contar con su poderosa intercesión.


+ Julián Barrio Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela


+ José Dieguez Reboredo, obispo de Tui-Vigo


+ Luis Quinteiro Fiuza, obispo de Ourense y Promotor del Apostolado del Mar


+ Manuel Sánchez Monge, obispo de Mondoñedo-Ferrol


+ Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo


viernes, 2 de mayo de 2008

20 de Xuño: Confirmacións en San Sadurniño

O vindeiro 20 de Xuño o Bispo da Diócese de Mondoñedo Ferrol confirmará a xoves das parroquias de San Sadurniño, Lamas e Pedroso. Será ás 19:30 horas na Igrexa de San Sadurniño

martes, 11 de marzo de 2008

Escrito do noso Bispo


¿Qué representan los Santos Lugares para nosotros?


Muy queridos diocesanos:


Los católicos que viven en Tierra Santa son muy pocos. Y cada vez menos. Hoy día en Belén, bajo el dominio de la Autoridad Palestina, el 80% de sus habitantes son musulmanes. Por otra parte, la falta de trabajo y, sobre todo, la ausencia de una paz estable hacen que los antiguos problemas se agudicen y se creen otros nuevos. “¡Considero mi deber -decía el Papa Benedicto XVI desde Asís en 2007- dirigir desde aquí una dolorida y apremiante exhortación para que cesen todos los conflictos armados que ensangrientan la tierra, callen las armas y en todas partes el odio deje paso al amor, la ofensa al perdón, y la discordia a la unión! (…) Nuestro pensamiento va particularmente a la Tierra Santa, tan amada por San Francisco, a Irak, al Líbano, a todo el Oriente Medio”.


Esos hermanos nuestros necesitan de nosotros una atención prioritaria. Porque nosotros necesitamos del ‘carisma vivo de los orígenes’ y de la singular vocación ecuménica e interreligiosa de que ellos son portadores.


En este contexto, la colecta del Viernes Santo asume un relieve especial. Es un día muy significativo para dar testimonio de la común pertenencia a la Tierra que en el fluir de la historia permanece como ‘silencioso testigo de la vida terrena del Salvador’ (Benedicto XVI). Mostremos nuestra solidaridad siendo generosos.


Pero también hay otra manera de ayudar a los cristianos en Tierra Santa: «La peregrinación –advierte el Delegado Apostólico en Jerusalén arzobispo Pietro Sambi- es la manera más completa para ayudar a los cristianos de aquí, a la Iglesia madre de Jerusalén y de Tierra santa». Y añade dos motivos: «En primer lugar, es una ayuda espiritual, psicológica, humana. Los cristianos de aquí miran a los peregrinos mucho más que éstos a aquellos, y esta presencia de los peregrinos les hace decir, aquí somos pocos, pero mira, cuantos hermanos y hermanas de muchas partes del mundo vienen aquí, todos somos parte de una gran familia, la familia de los discípulos de Cristo. Es una ayuda moral, humana, de primera categoría». Y en segundo lugar: «Junto a eso está también la ayuda material, porque la mayoría de los cristianos de Tierra Santa se han especializado en el servicio a los peregrinos: transporte, guías, hoteles, restaurantes, tiendas de recuerdos etc. Y cuando hay peregrinos hay también una ayuda a las familias cristianas de aquí».


Me consta que algunas parroquias de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol han organizado con mucho aprovechamiento espiritual peregrinaciones a Tierra Santa no hace mucho tiempo.


También a mí me gustaría peregrinar a las tierras que pisó Jesús para dar ánimos a los hermanos en la fe que allí viven acompañado de un grupo numeroso de fieles en peregrinación diocesana. ¿Será esto posible no tardando mucho?.


Termino pidiendo con palabras del Papa actual: “La Santa Madre de Dios sostenga nuestra invocación y avive la certeza de que también hoy el Señor puede desarmar los corazones, las voluntades y las manos, y convertirnos en auténticos instrumentos de su paz”.


Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondodeñedo - Ferrol

11 de Marzo de 2008

( descargar aquí o documento en pdf )


viernes, 29 de febrero de 2008

SAN ROSENDO - 1 DE MARZO


(Documento do noso Bispo con motivo da festividade de San Rosendo):

Queridos sacerdotes, consagrados y laicos:

Clausuramos hace poco el Año Jubilar de S. Rosendo. En una bella celebración en la Catedral, todos nos unimos en acción de gracias por los abundantes frutos que se produjeron entre nosotros, sobre todo espirituales, pero también pastorales, culturales y sociales. Contribuyó sin duda a fortalecer las raíces de nuestra fe y a robustecer nuestra conciencia de Iglesia diocesana. El Año Jubilar ha sido sin duda un acontecimiento eclesial de gran importancia. Ha sido un año de alegría, de gracia, de perdón y de salvación.

Durante el Año Jubilar, la figura de S. Rosendo entró en nuestras vidas. Hasta hace poco nos resultaba casi desconocida. Pero hemos podido contemplar las diversas facetas de su vida y, de algún modo, nos ha cautivado. A partir de ahora comenzamos una nueva etapa en la que queremos que el santo Patrono de nuestra diócesis nos acompañe y siga haciéndose presente para fortalecer nuestra fe.

Hay múltiples iniciativas que pueden ir siendo realidad entre nosotros. Se ha hablado de que en algunas de nuestras parroquias se podría poner al culto una réplica de alguna de las bellas imágenes del santo que tenemos en la diócesis. Sin duda habrán de tener continuidad los estudios rigurosos sobre lo que S. Rosendo representa en la Galicia de su tiempo. Y habrá de estimularse el culto y la devoción a nuestro Santo patrono por los medios que tenemos a nuestro alcance.

El día 1 de marzo celebraremos su fiesta. Puede ser una oportunidad magnífica para recuperar y completar algunos frutos del Año Jubilar. Podemos prepararla con un triduo o una novena, según las posibilidades de las diversas parroquias y centros de culto. Tenemos materiales a disposición para ello.

Y veamos también la posibilidad de organizar alguna actividad que vaya más allá del ámbito litúrgico. Quizá algunos subsidios que se prepararon para niños y jóvenes no los hemos usado. Pues utilicémoslos con motivo de la fiesta.

Alabemos al Señor admirable en sus santos y agradezcamos los múltiples favores que nos vienen a través de la intercesión de S. Rosendo.

Con mi afecto y mi bendición

† Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol

martes, 19 de febrero de 2008

Escrito do Bispo con motivo da festividade de San Rosendo

Queridos sacerdotes, consagrados y laicos:

Clausuramos hace poco el Año Jubilar de S. Rosendo. En una bella celebración en la Catedral, todos nos unimos en acción de gracias por los abundantes frutos que se produjeron entre nosotros, sobre todo espirituales, pero también pastorales, culturales y sociales. Contribuyó sin duda a fortalecer las raíces de nuestra fe y a robustecer nuestra conciencia de Iglesia diocesana. El Año Jubilar ha sido sin duda un acontecimiento eclesial de gran importancia. Ha sido un año de alegría, de gracia, de perdón y de salvación.

Durante el Año Jubilar, la figura de S. Rosendo entró en nuestras vidas. Hasta hace poco nos resultaba casi desconocida. Pero hemos podido contemplar las diversas facetas de su vida y, de algún modo, nos ha cautivado. A partir de ahora comenzamos una nueva etapa en la que queremos que el santo Patrono de nuestra diócesis nos acompañe y siga haciéndose presente para fortalecer nuestra fe.

Hay múltiples iniciativas que pueden ir siendo realidad entre nosotros. Se ha hablado de que en algunas de nuestras parroquias se podría poner al culto una réplica de alguna de las bellas imágenes del santo que tenemos en la diócesis. Sin duda habrán de tener continuidad los estudios rigurosos sobre lo que S. Rosendo representa en la Galicia de su tiempo. Y habrá de estimularse el culto y la devoción a nuestro Santo patrono por los medios que tenemos a nuestro alcance.

El día 1 de marzo celebraremos su fiesta. Puede ser una oportunidad magnífica para recuperar y completar algunos frutos del Año Jubilar. Podemos prepararla con un triduo o una novena, según las posibilidades de las diversas parroquias y centros de culto. Tenemos materiales a disposición para ello.

Y veamos también la posibilidad de organizar alguna actividad que vaya más allá del ámbito litúrgico. Quizá algunos subsidios que se prepararon para niños y jóvenes no los hemos usado. Pues utilicémoslos con motivo de la fiesta.

Alabemos al Señor admirable en sus santos y agradezcamos los múltiples favores que nos vienen a través de la intercesión de S. Rosendo.

Con mi afecto y mi bendición

† Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol

lunes, 4 de febrero de 2008

O noso Bispo escribe con motivo da Coresma



Sentido cristiano de la limosna

Escrito con motivo de la Cuarema 2008


Queridos diocesanos:

El Papa Benedicto XVI ha escogido la limosna como tema para la Cuaresma del 2008. Con sus mismas palabras en muchas ocasiones lo único que pretendo es ayudaros a profundizar en su Mensaje cuaresmal. Pero entre nosotros, la limosna goza de muy mala prensa. Pensamos que es dar de lo que nos sobra –si no es de lo que nos hemos apropiado injustamente- para callar nuestra conciencia. Parece que fuera imposible practicar la limosna sin hacerlo desde el orgullo y la prepotencia. Con la limosna –afirman algunos convencidos- no se arreglan las desigualdades entre personas y países de la tierra, sino que se perpetúan. ¿No pretendemos dar como regalo lo que debemos en justicia?

El ayuno, la oración y la limosna forman un todo, no se pueden separar. Para penetrar en el sentido cristiano de la limosna hemos de partir de que la limosna contribuye, junto con el ayuno y la oración, a formar en nosotros el ‘hombre nuevo’ según Cristo Jesús al que nos acercamos cada Pascua. Enseña S. Pedro Crisólogo: "Estas tres cosas, oración, ayuno y misericordia, son una sola cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno es el alma de la oración y la misericordia la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. El que tiene solamente una y no tiene las tres juntas, no tiene nada. Por eso quien ora, ayune. Quien ayuna, tenga misericordia [...] El ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecunda: lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno" (Sermón 43: PL.52, 320, 322).

La práctica de la limosna ha de reunir una serie de características si quiere ser verdaderamente cristiana:

1. La limosna es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad. El Evangelio nos enseña que no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino sólo administradores. No debemos, por tanto, considerarlos una propiedad exclusiva. Es clara la amonestación de Jesús a los que poseen riquezas terrenas y las utilizan sólo para sí mismos. Frente a muchedumbres que carecen de todo, adquieren el tono de un fuerte reproche las palabras de San Juan: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (1 Jn 3,17). Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad.

2. La limosna nos libra de caer en la tentación de idolatrar las riquezas de este mundo. Las riquezas materiales ejercen sobre nosotros una especie de seducción, que –si nos dejamos llevar por ella- llegamos inevitablemente a idolatrarlas. Jesús plantea las cosas en términos excluyentes: "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13).

3. La limosna cristiana ha de hacerse en secreto. "Que no vea tu mano izquierda lo que hace la derecha", dice Jesús, "así tu limosna quedará en secreto" (Mt 6,3-4). Y poco antes había afirmado que no hay que alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa de los cielos (cf Mt 6,1-2). La preocupación del discípulo es que todo contribuya a mayor gloria de Dios. Jesús nos enseña: "Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo" (Mt 5,16). Por tanto, hay que hacerlo todo para la gloria de Dios y no para la nuestra. Que esta conciencia acompañe cada gesto de ayuda al prójimo, evitando que se transforme en una manera de llamar la atención. Si al cumplir una buena acción no tenemos como finalidad la Gloria de Dios y el verdadero bien de nuestros hermanos, sino que más bien aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación de los demás, nos situamos fuera de la óptica evangélica.

4. La limosna evangélica no es filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación se plantea continuamente..¿Cómo no dar gracias a Dios por tantas personas que en el silencio, lejos de los reflectores de la sociedad mediática, llevan a cabo con este espíritu acciones generosas de sostén al prójimo necesitado? Sirve bien poco dar los propios bienes a los demás si el corazón se hincha de vanagloria por ello. Por este motivo, quien sabe que "Dios ve en lo secreto" y en el secreto recompensará, no busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza.

5. La práctica de la limosna nos permite experimentar que –como dice la Escritura- hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35). En este momento somos invitados a considerar la limosna con una Mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material. Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf 2 Cor 5,15). Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría.

Y hay más: San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados. "La caridad -escribe- cubre multitud de pecados" (1 Pe 4,8). Como a menudo repite la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece, a los pecadores, la posibilidad de ser perdonados. El hecho de compartir con los pobres lo que poseemos nos dispone a recibir este don. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos.

6. La limosna educa a la generosidad del amor. San José Benito Cottolengo solía recomendar: "Nunca contéis las monedas que dais, porque yo digo siempre: si cuando damos limosna la mano izquierda no tiene que saber lo que hace la derecha, tampoco la derecha tiene que saberlo" (Detti e pensieri, Edilibri, nº 201). Al respecto es significativo el episodio evangélico de la viuda que, en su miseria, echa en el tesoro del templo "todo lo que tenía para vivir" (Mc 12,44). Su pequeña e insignificante moneda se convierte en un símbolo elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da la que posee sino lo que es. Toda su persona. Siguiendo el ejemplo de Cristo podemos aprender a hacer de nuestra vida un don total. Imitándole conseguimos estar dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. Por tanto, la práctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor. Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno.

7. La limosna nos ayuda a crecer en caridad y reconocer en los pobres a Cristo mismo. Los Hechos de los Apóstoles cuentan que el Apóstol San Pedro dijo al hombre tullido que le pidió una limosna en la entrada del templo: "No tengo plata ni oro: pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, echa a andar" (Hch 3,6). Con la limosna regalamos algo material, signo del don más grande que podemos ofrecer a los demás con el anuncio y el testimonio de Cristo, en cuyo nombre está la vida verdadera.

Espero que estas reflexiones nos ayuden a ejercitar la práctica cristiana de la limosna. Nos puede resultar muy saludable.

De corazón os bendigo,

+ Manuel Sánchez Monge,

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

viernes, 1 de febrero de 2008

O noso Bispo ante a Xornada de Mans Unidas



“MADRES SANAS, DERECHO Y ESPERANZA”

Ante la Jornada de Manos Unidas 2008


Queridos diocesanos:


“Manos Unidas” es una Organización católica que trabaja todo el año a favor del desarrollo de los países del Sur. Pero el 8 de febrero Día del Ayuno voluntario y el domingo día 10 Jornada Nacional con la Colecta contra el hambre, Manos Unidas llama a nuestras puertas y nos trae un mensaje solidario. Este año la campaña de Manos Unidas nos habla de las madres del Tercer Mundo. El lema ‘Madres sanas, derecho y esperanza’ es un toque de atención para que pensemos en los peligros de tantas mujeres que van a ser madres en los países subdesarrollados. Muchas de ellas son todavía niñas. Toda mujer debiera contar con condiciones dignas en materia de salud y bienestar a la hora de afrontar su maternidad. Pero en los países pobres millones de madres tienen muchos obstáculos para acceder a ese derecho. Manos Unidas trabaja a favor de una maternidad elegida, aceptada y vivida, sana y sin riesgos. Todo ello empleando métodos que permitan a las madres vivir la maternidad como fuente de vida, donada gratuitamente, en buenas condiciones de salud física, psíquica y espiritual. La maternidad saludable es incompatible con medios encaminados a eliminar la vida humana en el seno materno. Manos Unidas profesa que la vida, tanto de la madre como del hijo, ha de ser siempre salvaguardada con el máximo cuidado y amor.



Manos Unidas nos brinda este año la oportunidad de valorar la importancia de la madre en nuestras familias y en la sociedad. Una madre es un referente de seguridad y bienestar para sus hijos. Las madres son el sustento emocional de nuestros hogares. Gracias a ellas, a su cariño y a su trabajo, nuestras casas se convierten en hogares. Pidamos a María, esposa y madre, por todas las madres del mundo, especialmente por aquellas que atraviesan circunstancias difíciles.



Este año la colecta contra el hambre puede ser una ocasión preciosa para poner en práctica lo que el Papa Benedicto XVI nos ha recomendado en su Mensaje de Cuaresma 2008 sobre la práctica cristiana de la limosna. La limosna es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad. Nos libra de caer en la tentación de idolatrar las riquezas de este mundo; ha de hacerse en secreto. La limosna evangélica no es filantropía, sino más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos. La práctica de la limosna nos permite experimentar que –como dice la Escritura- hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35). Y finalmente, educa a la generosidad del amor.



Con cariño os bendice


+Manuel Sánchez Monge,

Obispo de Mondoñedo-Ferrol


1 de Febrero de 2008



jueves, 27 de diciembre de 2007


Día da Familia

30 de Nadal de 2007


Con motivo do Día da Familia, o noso Bispo Manuel presenta o escrito "Ciudadanos del cielo con los pies en la tierra", onde invita a todas as familias da Diócesis a contemplar o misterio de Deus e a fortalecer a sua identidade cristiá.



Ciudadanos del cielo con los pies en la tierra

El lema para el Día de la Familia 2007 es el siguiente: «Nuestra ciudadanía está en el cielo» (Flp 3, 20). Estas palabras de san Pablo nos invitan a considerar que, también como familias cristianas, estamos de camino en la tierra hacia nuestra patria definitiva. Somos hijos de Dios y ciudadanos del cielo. Queremos así fortalecer a las familias cristianas, recordándoles su grandeza y dignidad. Lo hacemos con unas hermosas palabras de S. León Magno: «Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué Cabeza perteneces y de qué Cuerpo eres miembro. Acuérdate de que has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz del Reino de Dios».

Siendo ciudadanos del cielo, vivimos con los pies en la tierra. Por eso somos conscientes de que vivimos inmersos en una sociedad compleja, donde no falta la propuesta de una cultura laica que quiere organizar la vida social y familiar como si Dios no existiera. Se proponen modelos alternativos a la familia cristiana dándoles el mismo valor e idéntica consistencia. Se sugiere de mil modos que los hombres y mujeres de nuestro tiempo pueden construir su convivencia familiar como quieran, deconstruirla y reconstruirla cuando les apetezca. Todo esto acarrea un rechazo o un debilitamiento de la identidad cristiana de nuestras familias.

Dos rasgos que constituyen su identidad

El primero es la integración de fe y vida. La fe no puede reducirse a una experiencia privada, extraña por tanto a la vida familiar. La fe debe penetrar en la vida de cada uno y en la vida de la familia, manifestándose por consiguiente en todas las dimensiones de la existencia. Los padres cristianos deberán dar ejemplo a sus hijos, en el testimonio de una vida inspirada en el Evangelio y alimentada en los sacramentos, muy especialmente en la Eucaristía dominical.

El segundo rasgo que queremos destacar es la inserción en la comunidad eclesial. No hay familia cristiana al margen de la Iglesia. Para esta integración es fundamental el desarrollo de la pastoral familiar, de modo que nuestras comunidades parroquiales sean cada vez más una «familia de familias cristianas».

Solamente una familia cristiana con una identidad fuerte será capaz, en estos tiempos difíciles, de transmitir la fe y de ser, ante los hombres, signo luminoso de la verdad, la bondad y la belleza del matrimonio y de la familia.

Algunos retos actuales

Los padres cristianos están llamados a educar a sus hijos como ciudadanos del cielo y miembros solidarios de la familia terrena. Además de transmitirles valores como el sacrificio, la renuncia, el dominio propio y el respeto, sin los cuales la convivencia familiar y social se deteriora gravemente, les educarán en la fe para que vivan con la alegría y la libertad de los hijos de Dios sintiéndose hermanos de todos los hombres.

En estos días de Navidad, tan familiares y por eso tan entrañables, invito a las familias cristianas de la Diócesis a contemplar el misterio del Dios hecho hombre, a fortalecer su identidad cristiana y a vivir con gozo la vida terrena aspirando a los bienes del cielo (Col 3, 1-2).

Que el Señor bendiga a todos en esta Navidad.

+Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol

21 de diciembre de 2007