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martes, 16 de marzo de 2010

El regreso del Hijo Pródigo. El gran cuadro de Rembrant


Título:"El regreso del hijo pródigo"
Autor:Harmensz von Rijn Rembrandt
Cronología:1666 - 1669 (circa)
Técnica:óleo sobre lienzo
Dimensiones:262 x 210.5 cm.
Estilo: Barroco
Ubicación: Museo Ermitage (Leningrado)
Tema: Se trata de un tema religioso extraído de las Sagradas Escrituras. Este lienzo es la representación pictórica de la parábola evangélica del hijo pródigo, en la cual el menor de dos hermanos, después de pedir a su padre la parte de la herencia que le correspondía y de haberla dilapidado llevando una vida disoluta lejos del hogar, se presenta ante él arrepentido y recibe su amoroso perdón.

En este lienzo aparecen cinco personajes masculinos en un espacio de características inapreciables. En un primer plano y de espaldas al espectador, un joven aparece arrodillado y recostando su cabeza, ligeramente girada a la derecha, sobre el regazo de un anciano, su padre.
Los pies del joven reflejan la historia de un viaje humillante: el pie izquierdo, fuera del calzado, muestra una cicatriz, al mismo tiempo que la sandalia del pie derecho está rota. La ropa es vieja, de color amarillento y marrón, está estropeada, y el personaje ha sido representado con la cabeza rapada. Sin embargo, lleva ceñida a la cintura una pequeña espada. Su rostro no se advierte, pues el joven lo hunde en las vestiduras paternas.
Frente a él figura el padre, inclinado levemente sobre su hijo, posando las manos sobre su espalda. Las vestiduras del anciano están cubiertas por un manto rojo y por debajo de éste asoman las mangas de una túnica de color ocre con reflejos de un dorado verdoso que contrasta con los vestidos harapientos del joven.
La luz inunda el rostro del padre, que dirige la mirada hacia abajo resaltando la emotividad de la escena, aunque el núcleo de la misma reside, sin duda alguna en el gesto sencillo de sus manos, representadas de forma distinta. Así pues, la mano izquierda se apoya con firmeza y mayor vigor sobre el hombro del muchacho y la mano derecha lo hace con delicadeza. Con este sencillo gesto del anciano , unido al de su rostro, Rembrandt transmite todo el dramatismo de la escena. Visiblemente es este personaje el que concentra la máxima luminosidad del cuadro. Padre e hijo menor, aunque no ocupen el centro de la composición, sí se convierten en el grupo humano más importante del mismo. Rembrandt mostró en numerosas ocasiones su interés por las figuras de ancianos. La vejez era la edad para él ideal, la que le ofrecía la oportunidad de mostrar la riqueza interior que ofrecen el sufrimiento y la experiencia.
A la derecha del grupo anterior se sitúa el hermano mayor. Existe un parecido entre éste y su padre, tanto por la barba como por sus atuendos. Es un hombre alto,de postura señorial y rígida , lo cual se acentúa con el fino bastón que sostiene entre sus manos. Su mirada aparece fría y distante, a diferencia de la del padre, que es tierna y acogedora. Nada tienen que ver tampoco sus manos con las de su progenitor: si el padre con sus manos extendidas da acogida al hermano menor, el recogimiento de las suyas insinúa un cierto rechazo. Cabe destacar también que se mantiene apartado de la escena principal,lo que corrobora que no parece ser un alejamiento sólo físico. Una tercera contraposición se podría establecer en la forma con que Rembrandt trata la luz que incide sobre su rostro y la que utiliza para iluminar el rostro del padre: la primera, es fría y estrecha; la segunda, cálida y amplia.
Completan el cuadro dos personajes más, un hombre sentado que se golpea en el pecho, posiblemente un administrador, y, en último término un recaudador de impuestos al que tan sólo se le intuye el rostro, totalmente ensombrecido y, por tanto, difuso. Estos dos personajes son también testigos de los hechos que están teniendo lugar, pero su papel es secundario. Rembrandt ha querido otorgar el protagonismo a las otras tres figuras, que se agrupan originando dos centros (padre y hermano menor a la izquierda, y hermano mayor a la derecha). Destaca ante el espectador el espacio que se abre entre ambos grupos y que ocupa el centro de la composición.
Esta obra es un ejemplo de la gran potencia expresiva de su autor y reflejo de su audacia y libertad en la pincelada, rasgos que se hicieron extremos en los cuadros que pintó a finales de la década de los sesenta. Se trata de un cuadro de gran fuerza realista, sobre todo por la enorme penetración psicológica de los personajes y por la armonía cromática conseguida. La escena no muestra una emoción violenta sino una calma que confiere a las figuras un carácter prácticamente escultórico con el objetivo de transmitir perdurabilidad. No menos significativas son la expresividad de la luz, la gama cromática utilizada, la técnica y la sencillez compositiva. En cuanto a la luz, gracias a su oscilación las figuras quedan conectadas al espacio que las rodea y el mismo espacio se integra en la representación, es decir, espacio y figuras se convierten en algo inseparable e igualmente expresivos.En este lienzo Rembrandt interpreta con solemnidad la idea cristiana del perdón, al mismo tiempo que transmite su profunda comprensión de la condición humana y del sentimiento religioso. Su predilección por este tema se remonta ya al 1636, momento en que pinta una tela en la que aparece un hijo pródigo vividor con una jarra de vino junto a una dama en una taberna. Posteriormente, realiza un aguafuerte en el que representa el momento del regreso del hijo pródigo. En él, el padre y el hijo menor aparecen de perfil en el umbral de la casa paterna, a través del cual se dejan ver el resto de los personajes. Rembrandt en esta ocasión pone más enfasis a la pobreza del hijo que en su retorno. En cambio, en el cuadro que nos ocupa, el tema se concibe de forma distinta, ya que el autor lo despoja de toda anécdota y el padre se convierte en el protagonista, que con su abrazo absorbe la pobreza del hijo. En cualquiera de los casos, parece que el estudio repetido de este tema permite trazar un recorrido artístico y humano de la implicación de Rembrandt con el personaje evangélico del hijo pródigo.
El regreso del hijo pródigo es un cuadro repleto de simbolismos a través de los cuales Rembrandt quiere aquí mostrar el poder y la ternura de Dios que perdona, acoge e ilumina a la humanidad abatida y pecadora que acude al refugio de la gracia divina. Desde sus comienzos como artista independiente, Rembrandt empezó a pintar cuadros de temática religiosa tomando como fuente de inspiración las Sagradas Escrituras. Las parábolas y los temas que resaltan los valores humanos predicados por Jesucristo y recogidos en los Evangelios los utiliza para expresar su propia fe. No obstante, no hay que olvidar que Holanda, por su adhesión al protestantismo, trataba los temas religiosos de forma distinta a como lo hacían los pintores de países católicos, pues se inspiraban directamente en la Biblia siguiendo la línea de la libre interpretación de la misma.Las dimensiones del lienzo son las propias para una pintura destinada a ocupar un lugar en una iglesia. Sin embargo, a la muerte del pintor nadie lo reclamó, hecho infrecuente en un pintor que trabajaba siempre por encargo, por lo que se supone que lo realizó por iniciativa propia. Si se tienen en cuenta las desgracias que fue sumando a lo largo de su vida, quizás tenía necesidad de un abrazo de Dios como el de la parábola evangélica. Lo cierto es que falleció teniendo delante la esperanza de esta misericordia.



lunes, 15 de marzo de 2010

Homenaje a Miguel Delibes: Miguel Delibes y el aborto


En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.
La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad, habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para éstos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia.
En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podría atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podría recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: Esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.

sábado, 3 de enero de 2009

Ano de San Paulo


A Conversión de San Paulo

Por Xabier Martínez
Publicado en Dumio, Nadal de 2008

Nunha sociedade rexida e volcada coa Lei e as tradicións, os inimigos principais eran aqueles que se opoñían radicalmente a ela desde a mensaxe de Xesús de Nazaret. Os helenistas foron ó principio os principais perseguidos e mártires, mentras que os cristián de liña xudaizante (que defendían a circuncisión e “integraban” a Xesús nun sistema de continuidade das Escrituras) perduraron -non sen conflictos- durante algún tempo no fogar e no entorno da sinagoga. A expulsión da institución sinagogal poría logo en crise a súa idea continuista co xudaísmo.

Os helenistas opuxeron radicalmente a novedade da mensaxe de Xesús (o viño novo) á ritualidade mortecina das tradicións xudías (odres vellos). Para eles o viño novo de Xesús non tén cabida nun xudaísmo de férridos defensores da lei pola lei coma eran os fariseos, anclados na perpetuidade que lles reportaba seguridade ante a crise do templo.

As primeiras persecucións foron máis linchamentos xudios que persecucións romanas polo que o apedreamento, coma no caso de Esteban, nos amosan o proceder executorio propio do xudaísmo. Ó perseguir ós seguidores de Cristo, Paulo faise perseguidor do propio Cristo, que lle chegará a preguntar na súa conversión: ¿por que me persegues?

Os escritos do Novo Testamento esaxeran o carácter perseguidor e sanguinario de San Paulo para darlle unha maior impronta á súa conversión. Foi nunha destas persecucións a inimigos da lei camiño de Damasco onde San Paulo vivíu unha experiencia de “cristofanía” e encontro co Señor. Aquela experiencia transformadora co Resucitado derrubou os pilares doctrinais e de vida do apóstol, facéndoo renacer ó estilo da pasaxe de Xesús con Nicodemo. Esta ruptura coa lei e coas propias raíces non era doada para un xudío e foron moi poucos os conversos que deron este paso naquela sociedade.

Paulo retírase a Tarso, ás súas raíces, alí medita o crebacabezas escachado. Cómpre reconstruilo de novo pero cun novo pegamento que una as súas pezas: Xesús de Nazaret.

Coma nos dous de Emaús se percorreron tódalas Escrituras desde o novo significado e perspectiva que aportaba Xesús, Paulo fixo o seu camiño de Emaús propio para poñer a Xesús nas diferentes pezas que darían sentido e coherencia ó cristianismo. Un duro camiño que só se podía realizar na meditación sosegada e orante. Rematados aqueles dez anos de deserto en Tarso, aproximadamente, Paulo xa estivo preparado para identificar a súa vida coa súa misión. Logo do seu particular Pentecostés camiño de Damasco convertíase en Apóstol.


Achegarse ós perseguidos sen xenerar desconfianza, só sería posible gracias ó amigo Bernabé que lle abriría as portas á comunidade cristiá e lle faría de “carta credencial” da súa conversión.

jueves, 1 de enero de 2009

Ano de San Paulo

Ano de San Paulo,
por Xabier Martínez Prieto

Un ano para venerar, un ano para comprender



O 28 de Xuño de 2007, durante as Vísperas na Basílica de San Paulo Extramuros de Roma, o Papa proclamou un ano especialmente adicado a Paulo de Tarso con ocasión dos dous mil anos do nacemento do “Apostol das Xentes”. Ó convocar ese ano Benedicto XVI era plenamente consciente de que descoñecemos a data concreta do nacemento de Paulo, que os especialistas a ubican no segundo lustro do cómputo cristián, pero o Papa comprende que é unha figura o suficientemente especial na historia das orixes do cristianismo como para non esquecerse de conmemorar.

Caracterizando a colosal cultura do noso Papa, a súa homilía facíase eco das grandezas espirituais dun home “de barro”coma foi Saulo. Feo, baixiño, e coma tódolos profetas non precisamente bo orador..., cheo limitacións humanas; pero a súa debilidade, venceuse coa gracia de Deus que non foi outra máis que a fortaleza dunha experiencia contaxiosa do Resucitado, aquela experiencia que portaba na súa palabra, no seu testemuño, que rexurdía por tódolos recunchos da súa vida. Razón máis que suficiente para facer que aínda que non fose dos Doce, se denominase “Apóstol”.

Boa parte do Novo Testamento é “Paulo”. Por este motivo os cristiáns levamos case 2000 anos recibindo a Cristo a través del, ollando a Cristo polas lentes deste Apóstol. Este ano no que a Igrexa nos convida a ler as súas cartas é unha oportunidade única para achegarnos á vida e obra dun cristián do que os autores actuáis están a dicir que “foi máis venerado que comprendido”. Unha frase que é ben certa porque máis aló do santo agóchase o prexuizo de moitos cristiáns por unha figura que erradamente ás veces foi tildada de misóxina, engreída, malhumorada...; unha figura incomprendida porque tantas veces lle proxectamos teoloxías e acontecementos posteriores da historia da Igrexa ós que foi alleo.

Temos unha débeda con Paulo, que como iremos vendo, legounos na Igrexa tanto patrimonio pastoral. O reto de interpretar a súa obra pasa por comprender ben as súas raíces helenísticas, xudías e romanas que fixeron del unha ponte universal entre culturas. Un primeiro paso é ler a súa obra na orde na que foi escrita para chegar a controlar o proceso no que foi medrando a súa teoloxía e pensamento. Outro pasiño poidera ser achegarnos ás características e problemáticas de cada unha das comunidades ás que se dirixiu, atopando a un tempo cómo foi dando resposta a esas problemáticas. Compre diferenciar a que foi obra del, da obra que co seu espírito continuaron a escribir os seus discípulos.

Home de contrastes, aquel que pasou de perseguidor a perseguido, de xudío fariseo a convencido e convincente cristián. O encontro co Señor tambaleou os pilares de todo o seu sistema de vida e pensamento. A lei na que fundamentara todo desde as súas raíces fariseas tornara inservible ante o Evanxeo. A urxencia da mensaxe da salvación levouno a non perder o tempo, a percorrer o Mediterráneo sen deterse máis do que cumpría para sementar o que outros recollerían logo.

Un ano para peregrinar con este mestre dos camiños e para revivir coa súa conversión a forza do Evanxeo. Paga a pena realizar ese camiño persoal e comunitariamente nas nosas parroquias.

La Voz de Galicia, Suplemento Dumio

domingo, 6 de enero de 2008

PREGÓN DO NADAL DO 2005

En Decembro do ano 2005 encargáronme realizar o Pregón do Nadal en Viveiro. Ademais de facer mención ás miñas humildes lembranzas de esas datas cando era neno, quixen achegar ós presentes ós relatos apócrifos da infancia de Xesús. Agardo que vos poda servir de axuda para comprender mellor as figuras apócrifas do nadal e a tradición dos Reis Magos de Oriente.

Xabier Martínez


Pregón Nadal 2005
“O Nadal nos evanxeos apócrifos
e o Evanxeo Apócrifo do Padre Xabier”


En primeiro lugar, agradecer a Román a súa presentación, que hoxe dista algo das verbas que nos anos tolos da adolescencia tantas veces me dixo, e agradecer ó Consorcio de Viveiro a súa invitación para presentar este Pregón. Dende logo que nunca tivo un pregoeiro tan novo este Nadal de Viveiro. Antes de ter entrado no Seminario, lembro terlle dito ó Rector que un crego tiña que ter experiencia da vida, que cómo se ía a poñer a predicar a quenes o superan en coñecementos experienciais. Quero lembrar hoxe especialmente a quenes sí nos falaron dende a experiencia en anteriores pregóns: A Mari Carmen Gómez (Chipe) que naquela ocasión no Mosteiro das Concepcionistas nos falaba de dona Herminia e o seu coro, e de todas aquelas xentes que fixeron que o Nadal fose significativo naqueles anos da nenez na posguerra. A Vicente Casas, que pedagóxicamente nos abreu á tradición dos beléns dende San Francisco de Asís. Ó meu compañeiro de traballos no Equipo Pastoral de As Pontes, Antonio Rodríguez Basanta, que construíu un Cantiño de Santiago para a lembranza dende este Pregón. Ó meu mestre de ximnasia e de galego no Colexio Pastor Díaz de Viveiro, Carlos Nuevo Cal, hoxe Cronista da Vila, e que soubo incluso facer saborear o Nadal de Viveiro citando vellas recetas e enxundiosas reposterías, a Javier Illán, Moncho Pernas, Xoán Neira, e espero non esquecer a moitos outros, especialmente a quenes en etapas anteriores levaron a cabo este cometido. E como non, a Román Escourido Basanta, crego que non precisa de dar pregóns para amosar a súa solidaridade e compaña con este pobo.

Quixen titular este Pregón “O Nadal nos evanxeos apócrifos e o Evanxeo Apócrifo do Padre Xabier” porque do que vou falar nun primeiro momento é de cómo o Nadal e as personaxes que compoñen o Nacemento compréndense mellor se nos achegamos á tradición dos evanxeos apócrifos de onde xurdiron moitos deles.
Denominamos evanxeo apócrifo a aqueles escritos que non pasaron a formar parte do Novo Testamento. A historia de Xesús comezouse a escribir pola súa morte e resurrección. Esa era a parte máis importante que había que contar nun principio (a morte e a resurrección). Quero con isto dicir, que os relatos da infancia de Xesús son do último que se redactou no Novo Testamento, en concreto nos evanxeos de Mateo e Lucas, pois Marcos e Xoán non contan nada da infancia de Xesús.
Ás primeiras comunidades convenceulles especialmente os contidos que nestes dous evanxeos temos, co que marxinaron outros relatos que non plasmaban coa misma fidelidade a súa experiencia. Algúns deles incluso escritos moitos séculos despois (VI-VII-VIII...). Un Evanxeo apócrifo non é un evanxeo oculto ou escondido –como realmente significa esta palabra-, senón que son relatos que ninguén esconde e que se poden atopar con moita maestría recollidos na edición dos evanxeos apócrifos de Aurelio de Santos Otero[1]. Simplemente, as primeiras comunidades cristiáns optaron por outros relatos que recollían mellor o seu sentir.

E nun segundo momento quero falar do Evanxeo Apócrifo do ”Padre Xabier”, porque este pequeno crego quere contar tamén algunhas memorias da súa curta experiencia acerca do nacemento de Xesús. Será o meu apócrifo. E se chega a ser Boa Nova para vós, quizais ata “Evanxeo” apócrifo.
Teñamos en conta que un Evanxeo é unha Boa Nova; o Nadal é unha Boa Nova. Hai poucos días chegaba ó meu móbil unha mensaxe, que se fose verdade non sería boa mensaxe. Dicía: “mensaxe urxente: ante o perigo da gripe aviar, este ano suspéndese a Misa do Galo. Asinado: Benedicto XVI”. Ainda que sexa irónicamente divertido, esta non podería ser unha Boa Nova.

“COUSAS” DO NADAL
DESTACADAS NOS EVANXEOS APÓCRIFOS

A Mula

A primeira personaxe da que paso a falar é a burriña. A mula que sempre aparece nos relatos navideños e á que a tradición quixo poñer en relación con aquela outra que xurde cando Xesús entra en Xerusalén para morrer por nós. Do Antigo Testamento quedaba o bo recordo dunha burra que con fidelidade levou a Balaam –profeta astrólogo que falou da estrela de Belén-, ante Iavé. (Cf. Números 22, 22) Non só foi ese o milagre, senón que a burra falou con Balaam coma se fose a “mula Francis” (esa que sempre proxectaban na tele no Nadal, xunto con Mujercitas, El Pequeño Lord, Caravana de Mujeres, Toby...). A burra de Balaam representa a obediencia a Deus. No Novo Testamento Xesús é o profeta que entra sobre ela con docilidade na Cidade Santa para acatar o mandato de Deus de entregarse por todos nós. É esa mesma que está no Portal e que levou a María de pousada en pousada por Belén. Na Igrexa de Santa María témola esculpida nun capitel do presbiterio, e ela abre sempre a nosa Semana Santa. Como vemos, no Belén xa está anunciada a Paixón. Ata agora non caiamos na conta, pero nos relatos da infancia de Xesús ubícase o sumario ou índice de toda a súa historia.
Pero, non hai ningunha mula que leve a María ata Belén nos Evanxeos do Novo Testamento, nin tampouco na fuxida a Exipto. O da mula non é mais ca unha tradición que bebe dos apócrifos. A Biblia, descoñecida e mesmo prohibida durante moito tempo, deuse a coñecer ó través da imaxinería, da pintura, incluso dos autosacramentais, que na maior parte dos casos tomaban coma fonte relatos apócrifos.
Existe un apócrifo que chamamos Pseudo Mateo que di que María “reclinou ó Neno nun pesebre, e o boi e mailo asno o adoraron. Entón cumpriuse o que fora anunciado polo profeta Isaías: “O boi coñeceu ó seu amo, e o asno o pesebre do seu Señor. E ata os mesmos animais entre os que se atopaba o adoraban sen cesar”.
Existe tamén un “evanxeo árabe da infancia de Xesús” que nos conta cómo María retorna a persoa a un home que se tiña convertido en burro. Cantas veces necesitaría o noso mundo de milagres tales, que fixesen do burros homes e dos homes verdadeiros seres humanos.


A cova de Belén

Na Biblia (Cf. Mateo e Lucas) dícese que víu a luz nun pesebre e entre pastores, porque non había sitio na pousada, pero nunca se nos fala dunha cova. É nos apócrifos, coma o denominado Protoevanxeo de Santiago (18,1) onde se falará dunha cova, como manda a tradición. Tamén da Cova falou no ano 248 Oríxenes de Alexandría. Se algunha vez temos a oportunidade de ir a Terra Santa, e en concreto a Belén, atoparemos unha fermosa basílica edificada por Constantino, a petición da súa nai Santa Elena e consagrada o 31 de Maio do ano 339, ainda que a que se conserva é de Xustiniano con reconstruccións dos templarios. Nela baixaremos a esa cova de 12,30 mts de longo por 3,50 mts de ancho na que veremos un altar e debaixo deste unha estrela de prata que sinalaría o lugar do Nacemento segundo a tradición. Pero o máis fermoso desta grande basílica é que para entrar só hai unha porta pequerrecha. Por iso foi empregada moitas veces coma lugar defensivo. Para pasar por esa porta e acceder ó templo hai que agacharse. Conta a tradición que sobre o dintel da porta houbo un cartel algún día que puxo: “Para entrar aquí hai que facerse coma Deus”. Para entrar na Cova de Belén hai que facerse humilde, nacer pequeno e de novo coma Nicodemo, pequeno e pobre coma o Señor, sinxelo e tenramente pequerrecho.
Di un apócrifo, o Libro da infancia do Salvador (nº 69) que durante o tempo en que estiveron na cova Xesús, María e Xosé, resplandeceu unha forte luz que a iluminaba, tanto de día coma de noite, polo que non era un lugar escuro. E di que especialmente no momento do nacemento aquela luz se multiplicou e escureceu co seu resplandor o fulgor do sol, sendo inundada a cova pola claridade e cun suave arrecendo, máis penetrante ca o perfume de tódolos ungüentos da terra. Di incluso que esa luz foi tomando, pouco a pouco, a forma dun Neno (nº 74).
Un evanxeo armenio da infancia (IX) di que esa luz centelleante veu a pousar ante o pesebre mentres ca nai da humanidade, Eva, viu a visitalo subida nunha nube. Di o Pseudo Mateo (nº 2) que a Cova nunca estivera iluminada, que a primeira vez que a luz entrou alí foi con Xesús. Con isto estaba a significarse que no mundo nunca entrara a luz, que con Xesús viña a luz. A cova, neste caso representaba ó noso mundo que vivía nas tebras e que se transformaba coa chegada de Xesús, o fillo daquel carpinteiro, coma Paco de Furadiña e coma tantos outros carpinteiros que tén e tivo Viveiro.

Comadronas

Tamén nos apócrifos aparecen mulleres que axudaron coma comadronas a nacer a Xesús. Eso é ben fermoso, porque quere dicir que tamén aquelas mulleres coma Lola da Chitona de Celeiro e moitas outras que axudaron a nacer a tantos nenos, tamén estiveron na memoria popular onda Deus. Segundo o apócrifo do Pseudo Mateo (nº 4) Xosé chegou con dúas comadronas chamadas Zelomí (abraiada polo alumbramento) e Salomé (que lle custou algo crer, pero que logo se convenceu), pero non fixeron falta, porque María xa dera a luz e Xosé, preocupado por buscar o mellor para María, perdérase o Nacemento de Deus mesmo. Nestes relatos das comadronas soe aparecer o ancián Simeón buscando unha parteira ou falando con ela sobre o espectacular do acontecido (cf. Apócrifo do libro da infancia do Salvador nº 70).

A Palmeira

Moitas veces aparece na iconografía popular María levando nos seus brazos a Xesús, de acabalo dunha mula que é conducida por Xosé, pero engádese unha palmeira. Ás veces esta palmeira está inclinada sobre a Sagrada Familia, como se quixese acollela e facer de pousada.
Conta o Apócrifo do Pseudo Mateo (XX) que María se sintíu fatigada na fuxida polo deserto e vendo unha palmeira díxolle a Xosé: “Quixera descansar un pouco á sombra dela”. María sentou, mirou cara á copa da palmeira e viuna chea de froitos e pidiulle a Xosé que lle baixara algún. Pero Xosé viu que os froitos estaban demasiado altos, e a el o que lle preocupaba era conseguir auga para a supervivencia. Relátasenos, coma o Neno Xesús, que repousaba no colo de María, lle dixo á palmeira: “Agáchate e dalle dos teus froitos á miña Nai”. Así o fixo a palmeira, e a Sagrada Familia xantou abondosamente. Logo, ordenoulle alzarse de novo e prometeulle á palmeira que sería compañeira das árbores que poboaban ó xardín do seu Pai.
Como podemos comprobar, seguimos vendo que nos relatos apócrifos da infancia segue aparecendo de xeito latente a historia da paixón. Xesús dille iso á Palmeira na súa infancia, do mesmo xeito que lle dirá a Dimas, o bo ladrón, aquelo de “Hoxe estarás conmigo no Paraiso” (Lc 23, 43).
Pero non remata aquí o relato, o Neno Xesús ordena que as raíces da palmeira reventen de auga, e fagan brotar un manantío, que deu de beber a moitos da comitiva que acompañaba a Sagrada Familia. Seguimos, pois, vendo que neste fermoso relato apócrifo da infancia están facéndose presentes outros moitos feitos acaecidos na historia de Xesús: a multiplicación dos pans e dos peixes, as vodas de Caná, a Eucaristía compartida por todos na Última Cea.
Detrás dun símbolo tan sinxelo coma unha palmeira, podemos observar que a imaxinería popular plasmaba toda a fonda mensaxe da salvación, que mesmo comparaba a palmeira coa árbore da cruz.
Agardo que dende agora, cando vexamos unha palmeira no Belén, remitiranos a tantas cousas que formaron parte da vida de Xesús.

Os Reis Magos

Quen nos fala na Biblia deles é o Evanxelista Mateo, que coma bo xudío, pensaba que a salvación era para o pobo elixido por Deus, e que logo estarían as outras nacións da Terra. Pero a comunidade de Mateo, foi descubrindo que a mensaxe de Xesús era Universal, que tiña que chegar a todas partes porque era de valía para todos. Que Deus era un patrimonio para dar a coñecer a tódolos pobos. Como diría Xosé Manuel Carballo, un cura que exerce de mago en Castro de Rei: “se Deus non existise pagaba a pena inventalo”. Se os reis non fosen tales reis, pagaba a pena que así o fosen, porque os nenos ben os merecen.
A Comunidade de Mateo comprendeu a mensaxe da salvación como universal, e foi entón cando entraron no Evanxeo Os Reis Magos, que non son outra cousa mais que a demostración de que outros pobos, que chegaban dende lugares lonxanos, tamén podían adorar ó Deus de Israel en Xesucristo. Pero Mateo só nos falou duns magos, non dixo número, iso sí, que levaron Ouro, Incienso e Mirra. O tempo e os apócrifos, fixeron todo o demais, dándolles un nome e facéndolles contrato de por vida para traballar horas extras só unha noite ó ano e vivir 364 días de vacacións. Todo un choio, haber se toman nota os sindicatos.
Os primeiros nomes dos Reis aparecen en escritos de San León Magno (anos 440-461) que os nomeaba como Melkon (co tempo sería Melchor), rei dos persas; Gaspar, rei dos indios, e Baltasar, rei dos árabes (quizais por iso de ser árabe tocoulle ser negro e tiznar ós nenos na cara cando os bicaba). Unha versión apócrifa etiópica do Protoevanxeo cita tamén tres reis, pero chámalles Tanisuram, Malik e Sisseba. Mellor que non lle pidamos ós nenos que aprendan estos nomes. Pero a Tradición Oriental chegou a falar de doce magos, e os armenios chegaron a falar de quince. Incluso nas catacumbas cristiás o número non estaba claro, ás veces representábanse dous, outras tres, e mesmo catro. Gracias a Deus os nosos nenos son máis intelixentes hoxe e saben perfectamente que son tres.
Contan os apócrifos que ó Neno lle levaron Ouro, Incienso e Mirra (ouro coma rei, incienso coma Deus, e mirra para unxilo seu corpo á súa morte) pero, xa naquel tempo debían de existir os protocolos reais e houbo intercambio de regalos. Segundo unhas versións (evanxeo arabe da infancia, VII) María regaloulle ós Reis uns pañais, e a tradición conta que foron gardados como reliquia en Constantinopla ata que se trasladaron a Francia, onde se destruiron na Revolución Francesa. Pero a versión etiópica deste evanxeo di que o verdadeiro regalo foi un pan que o Neno lle deu ós Reis. Seguimos polo tanto atopando reminiscencias da Eucaristía, e do que significaría a vida daquel Neno. Conta a lenda que os Reis esconderon o pan soterrándoo en terra. Herodes pidiu que llo trouxeran, e ó ir a buscalo xurdíu unha labarada de lume da terra que se elevaba cara a Deus. Dise dende entón que os Reis louvan aquel lume santo que representa ó Mesías que tamén uníu a terra co Ceo.

O APÓCRIFO DO PADRE XABIER

Contos fermosos para o Nadal que nos amosan que os relatos apócrifos poden lerse sen que sexan escándalo, e que resultan contos engaiolantes e suxerentes para a nosa fe. Pero, como prometín ó principio, queda pendente agora, contar outro apócrifo máis especial, o do Padre Xabier, que segue gardando a inocencia dos Reis Magos e que segue sen comprender por qué Melchor sabía aquel ano, lendo na carta na Fonte Nova que o meu Pai lle pedira ós Reis unhas “Rodilleras” para xogar ó futbol. Coma tódolos nenos durmín pouco e mal en moitas noites de Nadal, sacando tódo o calzado habido e por haber na casa coa finalidade de que os caramelos foran moitos. Lembro as molleiras na Praza Maior, porque cos Reis sempre chegaban as choivas. Unha praza ateigada de paraugas albiscaba ós Reis baixo o balcón de Paleo, na casa de Xoaquín da Praza, porque o Concello estaba en obras. Co caer dos caramelos os paraugas virábanse coma se fosen cestos de apañar castañas, e os empurróns rompían algún que outro que remataría arranxándo as varas na zapatería dos Peperrandas.
Coa fin de semana tocaba ir ver Beléns polas igrexas: O da Terceira Orden que segue a facer Manolito “O Fidalgo”, Santa María, Concepcionistas e especialmente no Asilo, cando todavía don Amado non tiña feito a inxeniosa obra de porespán, e só había figuras con grandes nubes no ceo construidas por sabas brancas. (¡Ui! Hai nubes no Belén, ¡Este ano toca paraugas!).
No Nadal regresaba Elena e José Miguel Prados da familia de don Antonio Prados Ledesma e xa pasabamos xuntos todo o Nadal discutindo e xogando.
Lembro aqueles recreos en infantil, na escola situada na Biblioteca da Praza Maior, con Lolita Cociña, nos que me tomaba as magdalenas feitas por Lolita de Rosalía. Lembro aquel Viveiro das mañás con olor á panadería Gabeiras e á señora Rosario que sempre nos agasallaba cos palistroques.
Xa no Colexio Pastor Díaz faciamos festival de Nadal, poñiamos algún Belén e Dona María Teresa Goás, directora daquela, nos contaba cómo acontecera aquel Nacemento entre outros relatos de historia sagrada coma xa non se contan hoxe nas escolas.
Ós 10 anos marchei para Covas, onde co tempo, e como diría Paco Martínez Soria, “se armó el belén”. En Covas coñecín a un entrañable amigo dos nenos e dos xoves: don Antonino Roca y Roca, sacerdote que durante máis de 50 anos compartíu vida cos parroquianos de Covas.

Don Antonino Roca y Roca

Don Antonino nacera o 17-V-1911 en Sta. Marina de Lagostelle, parroquia que tén no seu presbiterio o lugar onde mana unha boa fonte. Quizais foi de aí de onde lle xurdeu a don Antonino a vocación de crear boas fontes “asentadas” sobre a pedra.
O 28 de Xuño de 1936 o bispo D. Benjamín de Arriba y Castro confírelle o orde do presbiterado a tres diáconos de S. Nicolás de Neda e a Antonino. En setembro do mesmo ano publícarase no Boletín do obispado de Mondoñedo o seu nomeamento como cura ecónomo de Santa María de Suegos e Mosende. Tra-la guerra farase cargo de Covas, seguindo así a cadea de quenes así o fixeran anteriormente: D. Leoncio López de las Casas e D. Ceferino Lodos Bermúdez.
Atopouse así cuns tempos de miseria, coma ben dixo el nun poema, porque Antonino, foi un bo poeta, compañeiro de Díaz Castro:

...“Nin hai ganancias do mar,
nin abundancias na terra,
trouxeron miserias sin par
as consecuencias da guerra”.

Plasmou nas obras de teatro e nos poemas que os nenos botaban no nadal da parroquia a amarga realidade da posguerra:

... “E aló na miña casa
inda máis pequenos hai
que piden pan sin tasa
á probe da miña nai”.

Desde o seu afán dinámico soubo sempre resposta-las demandas pastorais do seu tempo, e así impulsou os movementos parroquiais dun xeito especial por medio das representacións, dos beléns vivintes e dos certames. Axudado polas queridas xentes da parroquia, fíxose un co vivir cotiá de Covas, coma ben o manifestan pequenas obras de teatro popular coma: “o tío Xerónimo”, “A cega”, “As catro vellas”, “As cinco pastoras”, “mazás verdes”... :

1.- ¿E logo tío Silverio, parece que vai moi cargado?
2.- ¿Donde vai meu cuñado? Queda na casa, non quixo vir.
1.- Digo que si vai moi cargado.
2.- Non, non lle mandei recado...
1.- Non lle chamo sin conciencia nin tampouco malvado...
2.- ¿Na horta de Pillado? Non home non, que son das miñas, dunha maceira que teño...

Foi coma un neno que nunca perdeu a ilusión pola súa xente, testemuño de esperanza, de fe constante e de perseverancia; para el todo se acadaba con estas virtudes vividas con amor. E porque realmente o vivía e se desvivía, así o transmiteu con sinxeleza e bo humor ata os seus derradeiros momentos.

Cacharela

No ano 1987 naceu Cacharela. Todavía non estaba legalizada, pero foi un grupo xuvenil que durante moitos anos levou a cabo o Belén vivinte de Covas. Apoiados por Rosa Rossi e Benigno Franco, máis de 70 rapaces vivimos durante uns anos un fenómeno moi curioso, constructivo e de fonda experiencia.
Aquel primeiro ano na cafetería da discoteca do Cariñés houbo un Belén que nos foi ilusionando e que ano tras ano foi medrando en pezas, extensión, xente... e incluso animais. Os tres seguintes anos realizouse na Igrexa Parroquial de Covas, na que acampabamos o Belén ocupando boa parte dela e creando ilusión nos máis pequenos ós que ensaiábamos durante máis de tres meses con todos aqueles poemas que recitaban no Belén e no día de Reis. Logo pasou a facerse no exterior no patio da escola vella de Covas.
Foi un traballo moi desinteresado, feito con ilusión, no que moitos xoves demostraron que a xuventude era algo máis. Eramos xoves atípicos, dende logo que foi unha xuventude moi distinta ó que hoxe está acostumada a vivir calquera xove. Con catorce e quince anos, Nati, Ana, María José, Dulce María, Jesús, Pablo, Eusebio, Fran, Nemesio, Antonio, Luis... e tantos outros rapaces, nos adicabamos a aquel Belén, ás obras de teatro, ós festivais, á creación dunha biblioteca rural, ... e incluso o ano 91 a organiza-las festas patronais e a publicación dunha revista da Asociación. Co tempo fomos intercambiando actividades coa asociación de San Cibrao de Vieiro e de Santiago de Bravos. Logo con moitas outras, pero sempre querendo preservar un xeito apolítico dado que tiñamos rapaces e mesmo nenos na asociación. Cacharela creou unha familia de amigos, que ainda cando o tempo vai pasando, seguimos tendo a capacidade de falarnos dende a nostalxia de todo aquelo, porque o vivimos con tanto agarimo que marcou fondamente as nosas vidas.
Por iso, hoxe, como sacerdote, sei que en medio de todo aquelo que nos ilusionaba, que compartiamos, que faciamos polos máis pequenos e porque Covas tivese algo, estaba Deus mesmo acampando para chegar como boa nova ás xentes. Calquera dos nenos que actuaron naqueles beléns, o lembrará para a vida, e nunca esquecerá aqueles versiños, algúns de Antonino, algúns meus, que tamén era medio poeta na xuventude, como lembrarán as miñas amistades.
O feito é que son tradicións que nunca se deberan perder, que nos fan comprender mellor o Nadal, e que nos fan formar familia, para vivir desinteresadamente a ledicia do comunitario, do grupal, nun mundo cada día máis individual e individualista, onde as xentes xa non somos capaces nin de levarnos con nós mesmos. Por iso cando vexo actuar o grupo de Gaitas de Cacharela, que naceu de todo aquelo, e ó mirar para o emblema, que vai para case 20 anos que debuxei, vénme á mente a idea de que hai esperanza nos xoves, se retoman as tradicións e as viven, porque tras delas hai unha fonda mensaxe e uns fondos valores. Nós retomamos aqueles nacementos representados, e aqueles versos que xa sonaban ós tempos dos movementos da Acción Católica, pero con todo aquelo fixemos algo moi grande e que permanecerá para sempre nas nosas lembranzas. Ás veces as persoas pequenas e débiles, somos capaces de facer imposibles, como foi todo aquel movemento que desbordaba a aqueles rapaces. Así é como comprendín que a vida e o belén son tamén o imposible feito polos máis pequenos. O Nadal, non é consumo, coma ben dixo o noso Bispo no pregón de Begonte a pasada semana; o Nadal é confiar que do pequeno e do finito, nace Deus, cando acampan no corazón valores grandes. O Nadal é saber descobrir que a capacidade de amar fainos superar os imposibles e transcender toda limitación humana.

De novo en Viveiro

Despois de Cacharela, mudei coa miña familia de novo para Viveiro, onde lembro pasar bos momentos cantando panxoliñas con Totis, sempre sorrinte e cheo de humor, no Coro de Santa María. Lembro ter ido con Román naquel Nadal do 92 no que xa estaba no Seminario a visitar a don Antonio García Mato á Residencia de Lugo, e lembro coma todos estabamos compinchados coas irmáns Girón para dicirlle cando preguntara que o Belén xa estaba montado e que quedara estupendamente. Nos seus últimos momentos a gran preocupación de don Antonio García Mato era ese Belén que podemos seguir contemplando, i eu sei que tamén tiña a ledicia dun futuro crego, chamado Xabier, que saía da parroquia.
O tempo foi pasando, e os curas somos coma emigrantes eternos que andamos de acó para aló, pero que sempre anhelamos ese ventiño mareiro que a Viveiriño nos leve. O pasado ano un pequeno comentario meu fixo aparecer nos fogares de Viveiro unha luz que proviña dende Belén. O meu desexo hoxe sería o de que aquela luz de Belén que vivimos o pasado ano siga iluminando os nosos fogares, facendo presente que Deus acampa neles. Son ás veces covas escuras coma as de Belén, que precisan dun Deus que as ilumine e as acompañe para seguir adiante. Que ilumine na nosas covas os rincóns escuros dos que xa non están con nós, pero que están con Deus, que ilumine os malos momentos do ano que remata. Que a luz do Señor ilumine nas nosas covas tódalas esperanzas que falen de ben e de paz.

Despídome cun poema de don Antonino Roca sobre o Nadal, que moitas veces quixemos ler naquelas representacións. E tamén con este rompecabezas que forma unha estrela de Belén e que o meu avó, o Selleiro, de Celeiro fixo á navalla xa fai moitos, moitos anos. Coa estrela quero lembrar especialmente ós mariñeiros, e ás súas familias neste Nadal, acordándome da desgracia que este ano se vivíu no mundo do mar en Burela, nun barco que ata hai pouco estivo atracado no porto de Celeiro. Non podo esquecer neste momento ós seus familiares presentes no funeral ó que asistimos varios cregos da zona, cando todavía non se rematara de rastrexalo barco. Que o ano que comeza teña para eles estrelas de Belén que os leve ata mares onde haia boa pesca.


O berce do nacemento
é coma o niño dun paxaro
o paxariño está dentro
e ven a xente a bicalo.

Paxariño voador
que vés voando do ceo
¿cómo te atreviche a voar
tan pequeniño e tan tenro?

Paxariño voador
¡Que brancas tes as tuas ialas!
Para que conserven a candor
Voa paxariño e non caias.

Paxariño voador
Paxariño de alas brancas e biquiño sonrrosado
¡Cómo te vés apousar
Ás pallas de tan probe establo!

Xente toda, os que aquí estades,
Estar quedos, ¡chis! ¡Non falar!,
Co máis pequeno ruido
Pode o meu paxariño voar.

Paxariño voador
¡quen te poidera coller!
habiache de facer unha xaula
e poñerte na ventá
habíache de dar de comer
e rezarche pola mañá.


Moitas Gracias. Bo Nadal!!!



[1] Aurelio de Santos Otero, Los Evangelios Apócrifos, BAC (Madrid 1999).

sábado, 5 de enero de 2008

EL SOL Y LAS ESTRELLAS



Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,

porque donde el sol está

no tienen luz las estrellas.
No busquéis la estrella ahora;

que su luz ha oscurecido

Este Sol recién nacido

En esta Virgen Aurora”


Estos versos de Lope de Vega (1562-1635) que recoge la Liturgia de las Horas nos introducen en el espíritu de la fiesta de la Epifanía del Señor. Los Magos llegados del Oriente representan la multitud de los pueblos que, no habiendo conocido la Ley de Moisés, llegan de alguna manera a descubrir al definitivo Profeta que ella anunciaba.

Aunque estuvieran marginados en su propio pueblo de Israel, a los pastores se les anuncia el nacimiento del Mesías por medio de un ángel. Dios se escoge como primeros mensajeros a los que no serían aceptados como testigos en los tribunales humanos.

Aunque gozaran de enorme prestigio en las sociedades orientales, los magos y astrólogos, que escudriñan las señales de los astros, han de solicitar la luz de la profecía. Sólo así lograrán no perderse en el camino que lleva a la fe y la adoración.

LA INTENCIÓN

En el relato evangélico que hoy se proclama (Mt 2,1-12) ocupa la figura de Herodes un papel inolvidable. El texto juega con la ironía. El rey transmite un mensaje, que a primera vista es más que aceptable. Pero el lector percibe la intención de aquel tirano.

- Las palabras son tan atinadas que podrían convertirse en un lema para la moderna evangelización: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo”. La fe llega por la escucha de un anuncio. Y la persona ha de estar dispuesta a oír a los que han gozado de la experiencia de los sagrado. Si la palabra fuera sincera, Herodes serían un santo.

- Pero la voluntad de las personas no se percibe fácilmente por las apariencias. Hará falta que un “oráculo” del cielo advierta a los Magos de las intenciones perversas de Herodes para que decidan cambiar el itinerario de regreso a su país de origen. Los cristianos de todos los tiempos habrán de prestar una cuidadosa atención a los mensajes para no dejarse engañar. Nada ni nadie debería poder desviarlos del camino de la Luz.

LA ADORACIÓN

A pesar de todo, los Magos logran culminar su viaje: “Entraron en la casa, vieron al Niño con su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”. Una vez más, el ritmo ternario de las acciones parece señalar un itinerario para los creyentes.

- “Entraron en la casa”. En un hermoso sermón, dice San Bernardo que la casa en la que hemos de entrar para encontrar al Señor es nuestra propia conciencia. Hemos de construirla, adornarla y guardarla para que pueda convertirse en el espacio del encuentro.

- “Vieron al Niño con su Madre”. Se ha dicho que el Antiguo Testamento repite la invitación a “escuchar” la voz de Dios, mientras que en el Nuevo se habla de los que lograron “ver” al Señor. Nuestra fe no es una pura teoría: nace del testimonio de los que vieron al Señor. Verlo con su Madre es aceptar su humanidad.

- “Lo adoraron”. Los ídolos tenían boca pero no hablaban. Tenían ojos pero no veían. Y, sobre todo, no tenían corazón. Por eso no merecían adoración. En el mundo de hoy se nos imponen nuevos ídolos, seductores pero engañosos. La adoración revela el sentido de la vida. Cada uno se identifica con aquello que adora. Pero sólo el Señor merece adoració- Señor Jesús, adorado por los Magos, tú eres el sol ante el que palidecen las estrellas. Te agradecemos el don de la fe y proclamamos que sólo tú mereces el servicio de nuestra adoración. Amén.


José-Román Flecha Andrés ( publicado en revista ecclessia )