martes, 18 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
Hoy Viernes, festividad del Sagrado Corazón de Jesús.
Hoy se celebra la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. Fiesta que en nuestra Parroquia tiene gran importancia. Por eso, este viernes a las 11 de la mañana, la Parroquia de Santa María la Mayor del Rosario de San Sadurniño, celebrará la Eucaristía en honor del Sagrado Corazón de Jesús.
martes, 21 de mayo de 2013
Comunicado de nuestro Obispo, D. Manuel Sánchez Monge ante el drama social del paro.
ACTITUDES
CRISTIANAS ANTE
UN
DRAMA SOCIAL
Más
de seis millones de personas, exactamente 6.202.700 según las cifras que da la Encuesta de Población
Activa, es decir el 27,1% de la población, viven en España en situación de
desempleo. Es un dato escalofriante. El 57% de nuestros jóvenes en edad laboral
no encuentran trabajo entre nosotros. Los parados de larga duración crecieron
un 21%. Los hogares donde no hay ingreso alguno por parte de sus miembros en
edad laboral se acercan a los 200.000. Las expectativas a corto y medio plazo
no son muy halagüeñas. El paro no bajará del 25% hasta el 2016 y no se empezará
a notar el crecimiento en la economía española hasta 2014. En Galicia,
concretamente, son 93.000 los hogares donde no entra ningún salario. Cuatro de
cada diez personas carecen de trabajo fijo o temporal.
Ante una situación
como ésta, nuestra primera actitud es la
cercanía, la comprensión y la ayuda a las personas y familias que viven el
drama del paro. “El desempleo, e
incluso el subempleo, constituyen un mal, y muchas veces una verdadera
calamidad social”, dijo el papa Juan Pablo II[1].
El paro provoca dramas económicos por la dificultad de sacar adelante la
familia, dramas morales y psicológicos por la frustración y la dependencia que
generan en el desocupado la sensación de inutilidad, la pérdida de autoestima y
la percepción de los familiares que tal vez atribuyen esa circunstancia a la
incapacidad y a la falta de iniciativa del que está en paro.
La segunda actitud
es advertir que no todo se debe a la
crisis económica que padecemos y de la que nadie quiere hacerse responsable.
La crisis no es fundamentalmente causa, sino
consecuencia. Es fruto de una ideología, de una manera de vivir que antepone
las cosas a las personas y el mercado a la ética. Es un paso necesario dentro
del proceso de deshumanización que va recorriendo nuestra sociedad globalizada,
por la vía de despersonalizar el trabajo humano, que siempre, ante todo, debe
ser principio de vida. Nos lo recordó Benedicto XVI: “La dignidad de la persona y las
exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones
económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable
las desigualdades y que se siga buscando como prioridad el objetivo del
acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan”[2].
No es correcta una concepción de la libertad separada de la verdad y del bien,
y desfigurada por el individualismo, y el materialismo práctico que ve en la
vida solamente una realidad productiva y agradable, y que considera inútil el
sufrimiento e injustificado el sacrificio por los demás.
La
situación actual exige una reflexión serena y audaz sobre el sentido y los
fines de la economía. La doctrina social de la Iglesia , que brota del
Evangelio, ofrece especialmente en este punto su dimensión sapiencial para
descubrir nuevas perspectivas. En la situación en que nos encontramos, es
necesario dar respuestas solidarias desde los diferentes ámbitos de la
sociedad, saliendo de caminos trillados para transitar por otros nuevos
donde abunden la justicia, la
solidaridad y el respeto a la dignidad de la persona humana.
Vivir como creyentes en Cristo Resucitado, supone
asumir el estilo de vida de Jesús. Hemos de
anteponer las personas a las cosas. Recordaremos que somos imagen de Dios, que
nos crea por amor. Y que ese amor nos constituye en hijos. Ahí radica la
sagrada dignidad humana. Somos imagen de Dios. De un Dios de Vida. De un Dios
cuyo proyecto de humanización y de vida es la plena realización de lo que
somos, en Jesucristo. Nosotros no podemos hablar de felicidad a costa de otros.
Los cristianos hablamos de felicidad compartida, de felicidad y justicia; de
gloria de Dios y vida del hombre, inseparablemente. Y por ello estamos llamados
por Dios a implantar en nuestra sociedad un estilo alternativo de vida, a
construir un proyecto de comunión, de sociedad, al servicio de ese plan de
Dios, que haga palpable, verificable, que otro modo de vivir es posible.
†
Manuel Sánchez Monge, obispo de Mondoñedo-Ferrol
Artículo publicado en la revista
diocesana DUMIO (Mayo de 2013)
jueves, 16 de mayo de 2013
ANTE
LAS PRIMERAS COMUNIONES
Para todos los cristianos la Primera Comunión es un acontecimiento
verdaderamente importante en su vida. Desde luego es un día gozoso. “Para muchos cristianos –escribió el papa
Benedicto XVI en SC 19- este día ha
quedado grabado en la memoria, con razón, como el primer momento en que, aunque
de un modo todavía inicial, se percibe la importancia del encuentro personal
con Jesús”.
Lo importante es el sacramento, no los regalos que van a recibir los
niños. Por eso es necesaria una buena preparación que ha de consistir en:
Una catequesis adecuada a su edad tanto por parte de la familia como por
parte de la parroquia:
· Una iniciación en la
oración y en la liturgia.
· Un esfuerzo por un comportamiento coherente con la fe cristiana. No se puede creer una cosa y vivir la contraria.
· Y, sobre todo, fomentar un deseo personal y gozoso de recibir a Jesús en la
Eucaristía.
Por lo que se refiere a la celebración litúrgica de la Primera Comunión
creo que debemos evitar a toda costa caer en la teatralidad. La celebración de
las Primeras Comuniones no puede ser una
celebración absolutamente distinta de la Misa de los domingos. Porque precisamente ha de introducir en la participación asidua en la
Misa dominical. La fiesta de la Primera Comunión se ha de celebrar con fe, con
fervor, pero también con austeridad.
Porque, efectivamente, en ocasiones, con motivo de la Primera Comunión, algunas
familias se dejan guiar por los compromisos sociales y se embarcan en regalos y
gastos exagerados. Hoy, este planteamiento, que siempre está mal, resulta
escandaloso. Tenemos 6.200.000 de parados en España. Las familias en las que no
entra ningún salario en casa o las que viven de la pensión del abuelo o abuela,
no pueden entender comportamientos como éste. Sobriedad y sencillez no están reñidas con alegría y
celebración gozosa. Yo recomendaría –como se hace ya en algunas
parroquias- que los niños de la Primera Comunión, de sus propinas, ofrecieran
una limosna considerable a Cáritas como expresión de compartir con los más
pobres. El momento del Ofertorio dentro de la Misa es el más adecuado para este
hermoso gesto.
Hemos de poner de manifiesto que la alegría de los cristianos no brota del
derroche y de los gastos superfluos, sino que nace más bien de ser conscientes
que a Dios lo tenemos tan cerca, que quiere habitar en nuestro corazón. La
fiesta puede ser bonita pero sencilla. No es necesario hacer grandes gastos. Lo importante es que ese día haya mucho
amor en el corazón de todos y una gran fe en Dios que se acerca a los niños
y a sus familias.
Y después de la Primera Comunión,
¿qué? Esta es la gran pregunta que hemos de hacernos si
queremos ser honestos. Pues lo primero de todo seguir participando en la
Eucaristía, sobre todo los domingos. No puede ocurrir que la Primera Comunión sea para
algunos niños desgraciadamente la última. No es un
punto y final, sino un punto y seguido para completar la llamada iniciación
cristiana. La catequesis con vuestros hijos continúa para que se formen en la fe con la catequesis de postcomunión o bien para que se preparen
para celebrar en su momento la Confirmación.
† Manuel Sánchez Monge, obispo de Mondoñedo-Ferrol
En
Ferrol, viernes 3 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
La Parroquia del Divino Salvador de Pedroso, de fiesta en honor a la Virgen de la "O"
La Unidad Interparroquial de San Sadurniño y de una manera especial la Parroquia del Divino Salvador de Pedroso, los días 10, 11, 12 celebra las fiestas de primavera en honor a Nuestra Señora la Virgen de la "O" , en la Capilla de la "O". Os informamos de los horarios de las diferentes celebraciones que van a tener lugar esos tres días.
El viernes 10, a las 21:00h, se celebrará LA TIENDA DEL ENCUENTRO. Momento de oración, en torno a la Virgen de la "O", organizada por el grupo de jóvenes de la Unidad Interparroquial, para todos los fieles que quieran acercarse. Si el tiempo lo permite y hay un ambiente oportuno de oración y gente, habrá procesión con la Imagen de Nuestra Señora de la "O".
El Sábado 11, habrá Eucaristías a las 9, 10, 11, 12, 1 y 17 horas. Siendo la solemne a las 12 de la mañana y procesión si el tiempo lo permite.
El Domingo 12, habrá Eucaristías, a las 9, 10, 11, 12, 1 y 17 horas. Siendo la solemne a las 12 de la mañana y en la Carpa de la fiesta y con procesión.
Si hay mucha afluencia de fieles, en la Capilla, y por motivos de Seguridad y Salud, se podrá tomar la decisión de trasladar algunas de las celebraciones a la Carpa.
jueves, 9 de mayo de 2013
Evangelio del Domingo por Odres Nuevos
La Ascensión del Señor – Ciclo C
Domingo 12 de Mayo de 2013
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Conclusión del santo evangelio según san Lucas (24,46-53):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»
Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
Palabra del Señor
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Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
José Antonio Pagola
san Lucas (24,46-53)
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LA BENDICIÓN DE JESÚS
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Son los últimos momentos de Jesús con los suyos. Enseguida los dejará para entrar definitivamente en el misterio del Padre. Ya no los podrá acompañar por los caminos del mundo como lo ha hecho en Galilea. Su presencia no podrá ser sustituida por nadie.
Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos el anuncio del perdón y la misericordia de Dios. Que todos escuchen su llamada a la conversión. Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza. Todos han de saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. ¿Quién podrá anunciar esta Buena Noticia?
Según el relato de Lucas, Jesús no piensa en sacerdotes ni obispos. Tampoco en doctores o teólogos. Quiere dejar en la tierra “testigos”. Esto es lo primero:“vosotros sois testigos de estas cosas”. Serán los testigos de Jesús los que comunicarán su experiencia de un Dios bueno y contagiarán su estilo de vida trabajando por un mundo más humano.
Pero Jesús conoce bien a sus discípulos. Son débiles y cobardes. ¿Dónde encontrarán la audacia para ser testigos de alguien que ha sido crucificado por el representante del Imperio y los dirigentes del Templo? Jesús los tranquiliza:“Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido”. No les va a faltar la “fuerza de lo alto”. El Espíritu de Dios los defenderá.
Para expresar gráficamente el deseo de Jesús, el evangelista Lucas describe su partida de este mundo de manera sorprendente: Jesús vuelve al Padre levantando sus manos y bendiciendo a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios y sobre el mundo desciende su bendición.
A los cristianos se nos ha olvidado que somos portadores de la bendición de Jesús. Nuestra primera tarea es ser testigos de la Bondad de Dios. Mantener viva la esperanza. No rendirnos ante el mal. Este mundo que parece un “infierno maldito” no está perdido. Dios lo mira con ternura y compasión.
También hoy es posible buscar el bien, hacer el bien, difundir el bien. Es posible trabajar por un mundo más humano y un estilo de vida más sano. Podemos ser más solidarios y menos egoístas. Más austeros y menos esclavos del dinero. La misma crisis económica nos puede empujar a buscar una sociedad menos corrupta.
En la Iglesia de Jesús hemos olvidado que lo primero es promover una “pastoral de la bondad”. Nos hemos de sentir testigos y profetas de ese Jesús que pasó su vida sembrando gestos y palabras de bondad. Así despertó en las gentes de Galilea la esperanza en un Dios Salvador. Jesús es una bendición y la gente lo tiene que conocer.
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viernes, 3 de mayo de 2013
Ante las Primeras Comuniones
Servicio Diocesano de Medios de Comunicación | Viernes, 3 de mayo de 2013
Para todos los cristianos la Primera Comunión es un acontecimiento verdaderamente importante en su vida. Desde luego es un día gozoso. “Para muchos cristianos –escribió el papa Benedicto XVI en SC 19- este día ha quedado grabado en la memoria, con razón, como el primer momento en que, aunque de un modo todavía inicial, se percibe la importancia del encuentro personal con Jesús”.
Lo importante es el sacramento, no los regalos que van a recibir los niños. Por eso es necesaria una buena preparación que ha de consistir en:
Una catequesis adecuada a su edad tanto por parte de la familia como por parte de la parroquia:
· Una iniciación en la oración y en la liturgia.
· Un esfuerzo por un comportamiento coherente con la fe cristiana. No se puede creer una cosa y vivir la contraria.
· Y, sobre todo, fomentar un deseo personal y gozoso de recibir a Jesús en la Eucaristía.
Por lo que se refiere a la celebración litúrgica de la Primera Comunión creo que debemos evitar a toda costa caer en la teatralidad. La celebración de las Primeras Comuniones no puede ser una celebración absolutamente distinta de la Misa de los domingos. Porque precisamente ha de introducir en la participación asidua en la Misa dominical. La fiesta de la Primera Comunión se ha de celebrar con fe, con fervor, pero también con austeridad.
Porque, efectivamente, en ocasiones, con motivo de la Primera Comunión, algunas familias se dejan guiar por los compromisos sociales y se embarcan en regalos y gastos exagerados. Hoy, este planteamiento, que siempre está mal, resulta escandaloso. Tenemos 6.200.000 de parados en España. Las familias en las que no entra ningún salario en casa o las que viven de la pensión del abuelo o abuela, no pueden entender comportamientos como éste. Sobriedad y sencillez no están reñidas con alegría y celebración gozosa. Yo recomendaría –como se hace ya en algunas parroquias- que los niños de la Primera Comunión, de sus propinas, ofrecieran una limosna considerable a Cáritas como expresión de compartir con los más pobres. El momento del Ofertorio dentro de la Misa es el más adecuado para este hermoso gesto.
Hemos de poner de manifiesto que la alegría de los cristianos no brota del derroche y de los gastos superfluos, sino que nace más bien de ser conscientes que a Dios lo tenemos tan cerca, que quiere habitar en nuestro corazón. La fiesta puede ser bonita pero sencilla. No es necesario hacer grandes gastos. Lo importante es que ese día haya mucho amor en el corazón de todos y una gran fe en Dios que se acerca a los niños y a sus familias.
Y después de la Primera Comunión, ¿qué? Esta es la gran pregunta que hemos de hacernos si queremos ser honestos. Pues lo primero de todo seguir participando en la Eucaristía, sobre todo los domingos. No puede ocurrir que la Primera Comunión sea para algunos niños desgraciadamente la última. No es un punto y final, sino un punto y seguido para completar la llamada iniciación cristiana. La catequesis con vuestros hijos continúa para que se formen en la fe con la catequesis de postcomunión o bien para que se preparen para celebrar en su momento la Confirmación.
jueves, 11 de abril de 2013
Evangelio del Domingo por Odres Nuevos
3º Domingo de Pascua – Ciclo C
Domingo 14 de Abril de 2013
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Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-19):
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
Palabra del Señor
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Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
José Antonio Pagola
san Juan (21,1-19)
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AL AMANECER
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En el epílogo del evangelio de Juan se recoge un relato del encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos a orillas del lago Galilea. Cuando se redacta, los cristianos están viviendo momentos difíciles de prueba y persecución: algunos reniegan de su fe. El narrador quiere reavivar la fe de sus lectores.
Se acerca la noche y los discípulos salen a pescar. No están los Doce. El grupo se ha roto al ser crucificado su Maestro. Están de nuevo con las barcas y las redes que habían dejado para seguir a Jesús. Todo ha terminado. De nuevo están solos.
La pesca resulta un fracaso completo. El narrador lo subraya con fuerza: “Salieron, se embarcaron y aquella noche no cogieron nada”. Vuelven con las redes vacías. ¿No es ésta la experiencia de no pocas comunidades cristianas que ven cómo se debilitan sus fuerzas y su capacidad evangelizadora?
Con frecuencia, nuestros esfuerzos en medio de una sociedad indiferente apenas obtienen resultados. También nosotros constatamos que nuestras redes están vacías. Es fácil la tentación del desaliento y la desesperanza. ¿Cómo sostener y reavivar nuestra fe?
En este contexto de fracaso, el relato dice que “estaba amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla”. Sin embargo, los discípulos no lo reconocen desde la barca. Tal vez es la distancia, tal vez la bruma del amanecer, y, sobre todo, su corazón entristecido lo que les impide verlo. Jesús está hablando con ellos, pero “no sabían que era Jesús”.
¿No es éste uno de los efectos más perniciosos de la crisis religiosa que estamos sufriendo? Preocupados por sobrevivir, constatando cada vez más nuestra debilidad, no nos resulta fácil reconocer entre nosotros la presencia de Jesús resucitado, que nos habla desde el Evangelio y nos alimenta en la celebración de la cena eucarística.
Es el discípulo más querido por Jesús el primero que lo reconoce:“¡Es el Señor!”. No están solos. Todo puede empezar de nuevo. Todo puede ser diferente. Con humildad pero con fe, Pedro reconocerá su pecado y confesará su amor sincero a Jesús:“Señor, tú sabes que te quiero”. Los demás discípulos no pueden sentir otra cosa.
En nuestros grupos y comunidades cristianas necesitamos testigos de Jesús. Creyentes que, con su vida y su palabra nos ayuden a descubrir en estos momentos la presencia viva de Jesús en medio de nuestra experiencia de fracaso y fragilidad. Los cristianos saldremos de esta crisis acrecentando nuestra confianza en Jesús. Hoy no somos capaces de sospechar su fuerza para sacarnos del desaliento y la desesperanza.
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martes, 9 de abril de 2013
sábado, 6 de abril de 2013
Regina Caeli
artículo de ÓSCAR VALADO
Hoy es el primer sábado del tiempo pascual... por ello es "justo y necesario" hacer alusión a la oración mariana por antonomasia y que sustituye al habitual Angelus en este tiempo litúrgico que estamos celebrando: Regina Caeli.
Como todos los himnos, oraciones o salmos latinos también el Regina caeli recibe su nombre por las palabras con las que comienza:
Regina caeli, laetare, alleluia.
Quia quem meruisti portare, alleluia.
Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.
Alégrate, reina del cielo, aleluya.
Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya.
Ha resucitado, según predijo, aleluya.
Ruega por nosotros a Dios, aleluya.
Desde el siglo XII tenemos constancia de su uso en la liturgia. Es una de las oraciones marianas más antigua que a día de hoy sigue siendo muy utilizada en su forma gregoriana.
Aunque son muchos los compositores que tomando el texto han dado rienda suelta a su creatividad. Para muestra la versión para dos coros mixtos (S, C, T, B) y orquesta de Marco Frisina.
Feliz Pascua de Resurrección!!!
jueves, 4 de abril de 2013
Evangelio del Domingo por Odres Nuevos
2º Domingo de Pascua – Ciclo C
Domingo 7 de Abril de 2013
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Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados! quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor
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Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
José Antonio Pagola
san Juan (20,19-31)
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DE LA DUDA A LA FE
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El hombre moderno ha aprendido a dudar. Es propio del espíritu de nuestros tiempos cuestionarlo todo para progresar en conocimiento científico. En este clima la fe queda con frecuencia desacreditada. El ser humano va caminando por la vida lleno de incertidumbres y dudas.
Por eso, todos sintonizamos sin dificultad con la reacción de Tomás, cuando los otros discípulos le comunican que, estando él ausente, han tenido una experiencia sorprendente: “Hemos visto al Señor”. Tomás podría ser un hombre de nuestros días. Su respuesta es clara: “Si no lo veo… no lo creo”.
Su actitud es comprensible. Tomás no dice que sus compañeros están mintiendo o que están engañados. Solo afirma que su testimonio no le basta para adherirse a su fe. Él necesita vivir su propia experiencia. Y Jesús no se lo reprochará en ningún momento.
Tomás ha podido expresar sus dudas dentro de grupo de discípulos. Al parecer, no se han escandalizado. No lo han echado fuera del grupo. Tampoco ellos han creído a las mujeres cuando les han anunciado que han visto a Jesús resucitado. El episodio de Tomás deja entrever el largo camino que tuvieron que recorrer en el pequeño grupo de discípulos hasta llegar a la fe en Cristo resucitado.
Las comunidades cristianas deberían ser en nuestros días un espacio de diálogo donde pudiéramos compartir honestamente las dudas, los interrogantes y búsquedas de los creyentes de hoy. No todos vivimos en nuestro interior la misma experiencia. Para crecer en la fe necesitamos el estímulo y el diálogo con otros que comparten nuestra misma inquietud.
Pero nada puede remplazar a la experiencia de un contacto personal con Cristo en lo hondo de la propia conciencia. Según el relato evangélico, a los ocho días se presenta de nuevo Jesús. No critica a Tomás sus dudas. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le muestra sus heridas.
No son “pruebas” de la resurrección, sino “signos” de su amor y entrega hasta la muerte. Por eso, le invita a profundizar en sus dudas con confianza: “No seas incrédulo, sino creyente”. Tomas renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo sabe que Jesús lo ama y le invita a confiar: “Señor mío y Dios mío”.
Un día los cristianos descubriremos que muchas de nuestras dudas, vividas de manera sana, sin perder el contacto con Jesús y la comunidad, nos pueden rescatar de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, para estimularnos a crecer en amor y en confianza en Jesús, ese Misterio de Dios encarnado que constituye el núcleo de nuestra fe.
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